miércoles, 19 de noviembre de 2008

Y LOS SUEÑOS CINE SON

Hace unos días vi por primera vez la película de Federico Fellini Ginger y Fred (1985) en la que Julietta Masina y Marcelo Mastroiani nos regalan la interpretación de Amelia y Pippo, una pareja de bailarines que durante los años 1940 realizaban imitaciones de los bailes de los míticos Fred Astaire y Ginger Rogers y que ahora vuelven a encontrarse después de 30 años, invitados a la gala de Navidad de un programa televisivo.
No dejen de ver a Mastroiani inventándose el origen del Claquet, o verlos sentados en medio del escenario, planeando su fuga durante un apagón en el plató. Lo que comienza siendo una crítica al mundo de la televisión, se convierte en una suerte de tolerancia hacia su existencia. Tolerancia como la que despliegan Pippo ―ejemplo de bebedor lúcido y vividor mentiroso― y Amelia ―empresaria, abuela y ejemplo de sensatez y moderación― ante sus inevitables diferencias, que los han llevado a unirse y separarse una y otra vez en diferentes momentos de su vida. Fellini cierra la película en una estación de tren, pero deja una preciosa puerta abierta por la que se cuela la vida cotidiana.

1 comentario:

Alberto dijo...

Ahora más que nunca puedo asegurar, con absoluto rigor, que estás entre "mis favoritos"