martes, 2 de diciembre de 2008

EL "NO SOPORTO"

Especialmente extendida en occidente encontramos la enfermedad del “No soporto”[1]. Fue descrita por primera vez por el Kushana Hindú Narasimha Sharma, durante el último de sus viajes a la corte española en el Siglo XVIII. Narasimha descubrió que el grado de exigencia de los mandatarios hacia sus vasallos era proporcional al poder pretendido por cada uno. También logró aislar el origen de la misma en un diminuto fragmento del carácter de la persona afectada: el poder y la ambición.

«“Tener” es el camino para “no soportar” ».– escribe Narasimha en uno de sus diarios– «El que nada tiene, debe soportar sin remedio». Claro que la enfermedad se encuentra latente en quien la padece y sólo se manifiesta cuando se realiza un desplazamiento, como por ejemplo un viaje o en el momento del contacto con otras personas que no padecen la enfermedad.

Aun en la actualidad es en occidente donde encontramos los índices más elevados de afección de esta enfermedad. Son muchos los ciudadanos occidentales que “No soportan” vivir sin agua potable, sin electricidad, sin sanidad pública, sin jubilación, sin trabajo fijo, sin contaminación. Algunos, en un estado muy avanzado de la enfermedad “no soportan” la incomodidad de las guaguas, el olor de la basura, el color de las farolas.
Sin duda debemos guardarnos de los “no soporto” como de las peores enfermedades. El índice de contagio es muy alto, especialmente en las aglomeraciones de tráfico o en la cola de los grandes eventos. Se recomienda para su tratamiento hablar con otras personas no contagiadas como los niños, los inmigrantes, los pobres, etc.

[1] En otros escritos podemos encontrarla también como “intolerancia”

miércoles, 26 de noviembre de 2008

SE VERLA AL REVÉS

"Luz Azul" (2004), dentro de una serie titulada ""Palíndromos cromáticos" del artista argentino Augusto Zanela ( http://www.augustozanela.com.ar/)

Eran un divertimento en la Grecia Clásica, algo así como los crucigramas o las sopas de letras de Aristóteles o Pericles. Los Palíndromos, esas frases que se leen igual de izquierda a derecha que de derecha a izquierda, han ocupado muchas servilletas de la historia de la Humanidad.

El interés estriba en superar las grandes limitaciones que impone la regla (dicho así parece un anuncio de compresas). O sea, frente a la dificultad de encarar el papel en blanco con una libertad aterradora, el arte del Palíndromo ya nos plantea una ley lo bastante complicada como para que la sola superación de esa regla, confiera valor al resultado. Además, curiosamente los Palíndromos rozan a veces la composición poética.

Existen palabras que son Palíndromos, como ANILINA y giros o frases cortas, muy recurridas por los palindrómanos como LUZ AZUL.

Aquel que se atreve a profundizar en la creación de Palíndromos, se encontrará muy pronto dándole la vuelta a las palabras que se encuentran a su alrededor: ROMA ESE AMOR; y sobre todo muchas búsquedas sin final ni principio: ...POCA SORPRESA A SER PROZAC O... A veces de tanto dar vueltas y vueltas es el mundo mismo el que convertimos en un Palíndromo que se nos muestra del revés y es curiosamente en ese estado en el que las cosas empiezan a cobrar sentido. ¡Que los Cronopios me perdonen!

mi particular aportación: RAZA TROCADA CADA CORTAZAR.

martes, 25 de noviembre de 2008

FRADÍAS

Salvador Dalí

A veces asaltan las fiebres racionalistas a los corazones pensantes y surge la eterna discusión entre decimalistas y duodecimalistas. Cómo si pudiera existir un mundo mejor o un mundo más perfecto al que acostumbramos a transitar, saltan los duodecimalistas diciendo que en base doce la vida hubiera sido mucho más cómoda, porque el doce, como sucede en los relojes, es divisible por 6, por 4, por 3, por 2 y por 1, mientras que el diez es sólo divisible por 5, por 2 y por 1. Que todo se simplificaría si las docenas fueran el patrón de medida y no las decenas como sucede en realidad.
Los decimalistas, triunfadores absolutos, pretenden rematar la faena asaltando el tiempo con su base diez. Así las cosas, en un hipotético triunfo de esos fundamentalismos, terminaríamos dividiendo el día en 20 partes o fradías (en vez de las 24 horas que conocemos). Cada fradía se subdividiría en 50 minías (que es lo más cercano a los minutos actuales) y cada minía se correspondería con 50 sedías (descendientes de los históricos segundos). El mayor inconvenientes es ajustar nuestros cronómetros interiores a las nuevos tiempos, ya que, por ejemplo, cada nuevo segundo (sedía) equivale a 1’728 segundos antiguos, lo que sin duda podría contribuir a una ralentización de la vida frenética que nos llevan.
Yo particularmente, aunque convencido de las ventajas del sistema en base doce, no dudaría en mantener el que ya tenemos. Además también creo que la victoria del sistema decimal responde a una cosa tan simple como que tenemos cinco dedos en cada mano y no seis (cosa que mi primo Juan discutiría). A veces uno agradece tanta imperfección, tanto combate a la monotonía del racionalismo, que por mucho que se empeñe, nunca será capaz de repetir un centro histórico medieval o un atardecer.

lunes, 24 de noviembre de 2008

NO CONTEIS LA PELI

escena por la que no merece la pena esperar toda una película

¡Ej que me yerbe la sangre!. El muñeco era simpático, como un aparato de esos que se usan para grabar las películas. Salía al principio y te decía que apagaras el móvil, no vaya a ser que sonara en medio de la película. Hasta ahí todo bien. Lo peor venía luego, cuando, sin venir a cuento, soltaba eso de “pero luego no contéis la peli”, dicho así, como hablan los peninsulares, “no contéis la peli”. Ahí es cuando se me ocurrió pensar que ¿quién se ha creido que es ese machango para decirme lo que tengo y no tengo que hacer?. ¡Estaría bueno!. Según eso lo mejor es que no hablemos, que no digamos nada. Lo apunté bien apuntadito en la libreta y al llegar a casa se lo dije a mi nieta. Pero ella también me dijo que era una faena contar la película. Que era mejor poder verla sin conocer la historia. Mi mujer también pensaba igual.
¿Dónde quedó el arte de contar las historias?. A mi hermano le encanta contar las películas que ve. Nunca se me ocurriría decirle que no me contara una de sus películas. Eso es. Al contármelas pasan a ser suyas y también mías. Las otras, la que echan en el cine, si de verdad son de las buenas tiene que saber aguantar a los que ya conocen el argumento. Así por lo menos eran las buenas películas de antes. Lo malo es que la mayoría de las películas de hoy en día no aguantan un segundo pase, se desinflan, aburren. Están pensadas para dar una única sorpresa como aquella de "El club de los poetas muertos" que la segunda vez te pasas todo el tiempo bostezando a la espera de las cosas que curiosamente ya habías visto en el trailer. Eso es, visto el trailer, vista la película.

viernes, 21 de noviembre de 2008

EAU

Pozo de agua en África
Hoy le tocó el turno a una mesa redonda dentro de las "1ª Jornadas sobre gestión del ciclo hidrológico y desarrollo sostenible: problema y soluciones para África", celebradas en la casa de África (http://www.casafrica.es/), en Las Palmas de Gran Canaria los días 20 y 21 de noviembre de 2008. No alcanzo a expresar la fortuna que tenemos en esta ciudad por contar con esta Institución que está contribuyendo a aliviar en parte la enorme deuda que hemos acumulado los últimos 30 años con nuestro continente vecino.
La cultura del agua es uno de los patrimonios intangibles más importantes que poseemos en Canarias. Aunque en los últimos años ha retrocedido, afortunadamente son muchos los valores que conservamos del legado de generaciones anteriores: presas, acueductos, acequias, galerías, desaladoras, etc.
Las azoteas de La Isleta se encuentran pobladas de bidones de uralita o de plástico. Hace ya algunos años el agua subía a los bidones una o dos veces a la semana. El ritual del baño pasaba por consumir un único balde de agua por persona. Tras la ceremonia del enjuagado, enjabonado y aclarado siempre quedaba en el balde un resto de agua que volcábamos sobre la cabeza como un verdadero bautizo de alegría.

jueves, 20 de noviembre de 2008

MARAÑA

Hoy tuvimos la fortuna de volver al Estadio Insular. Con motivo del concurso promovido por el Cabildo de Gran Canaria para recuperar este espacio para la ciudad, se nos permitió adentrarnos hasta los lugares más recónditos de nuestra particular bombonera. Entramos por tribuna hasta el mismísimo centro del campo, subimos al rincón de los ultra naciente y escalamos hasta los habitáculos de la prensa. Fui más veces al Estadio para ver y escuchar a Serrat, Sabina, Aute, Silvio o Pablo que para ver a la Unión Deportiva.
Sin embargo la pasión por el futbol fue muy anterior a las canciones de autor. Las chapas fueron compañeras de la infancia hasta el punto de comprar las estampas no para rellenar el album sino para completar los equipos. Como la mente es selectiva son muy pocas las caras de jugadores que todavía recuerdo: Morete, Brindisi, Hernández, Roque o el portero Carnevalli, que ocupaba a lo ancho el centro de la caja de fósforos rellena de espelma con bolitas de plomo para darle más peso.
De entre todos ellos, tengo un recuerdo muy especial de Paez -aquel jugador de La Isleta- cuya chapa tenía su falda cuidadosamente desplegada, de modo que era infalible a la hora de tirar las faltas a media distancia. El sonido del "cloc-cloc" del garbanzo, después de superar el portero por alto, alojándose en el fondo de la caja de conservas conchita figurará para siempre entre los sonidos más placenteros de mi infancia.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

Y LOS SUEÑOS CINE SON

Hace unos días vi por primera vez la película de Federico Fellini Ginger y Fred (1985) en la que Julietta Masina y Marcelo Mastroiani nos regalan la interpretación de Amelia y Pippo, una pareja de bailarines que durante los años 1940 realizaban imitaciones de los bailes de los míticos Fred Astaire y Ginger Rogers y que ahora vuelven a encontrarse después de 30 años, invitados a la gala de Navidad de un programa televisivo.
No dejen de ver a Mastroiani inventándose el origen del Claquet, o verlos sentados en medio del escenario, planeando su fuga durante un apagón en el plató. Lo que comienza siendo una crítica al mundo de la televisión, se convierte en una suerte de tolerancia hacia su existencia. Tolerancia como la que despliegan Pippo ―ejemplo de bebedor lúcido y vividor mentiroso― y Amelia ―empresaria, abuela y ejemplo de sensatez y moderación― ante sus inevitables diferencias, que los han llevado a unirse y separarse una y otra vez en diferentes momentos de su vida. Fellini cierra la película en una estación de tren, pero deja una preciosa puerta abierta por la que se cuela la vida cotidiana.